(VATICAN News/Ciudad el Vaticano)Los prelados del país más populoso de África, donde el domingo de Pentecostés un ataque armado dejó más de una veintena de muertos, denuncian el hecho con palabras claras, instando al gobierno a identificar a los autores, so pena de un estado de anarquía en la región. Una religiosa, enfermera del Hospital de San Luis en Owo, da testimonio de los sentimientos de la población hoy y de los temores que crecen para asistir también a los lugares sagrados.
La Conferencia Episcopal de Nigeria ha instado al gobierno a intensificar
sus esfuerzos para dar caza a los atacantes de la iglesia de San Francisco
Javier en el estado de Ondo. Los obispos advirtieron que si no lo hacen se
acelerará la caída del país en la anarquía. La seguridad es uno de los retos
más problemáticos de Nigeria, el país más populoso de África y con la mayor
economía del continente.
Obispos: el gobierno debe actuar con decisión
"Ningún lugar parece ser de nuevo seguro en nuestro país; ni siquiera el recinto sagrado de una Iglesia": lo afirmó el presidente de los obispos, monseñor Lucius Ugorji, conmocionado tras enterarse anoche de la masacre de Owo, que causó la muerte de 21 personas, según el último balance de las autoridades locales. "Condenamos enérgicamente el derramamiento de sangre inocente en la Casa de Dios. Los criminales responsables de un acto tan sacrílego y bárbaro demuestran su falta de sentido de lo sagrado y del temor de Dios", denuncian además los prelados. Si el gobierno no actúa con decisión acerca de una cuestión tan grave", continúan diciendo, "se corre el riesgo de acelerar la caída del país en la anarquía". Los obispos sostienen que los gobernantes deben asumir la responsabilidad principal de garantizar la vida y los bienes de los ciudadanos: "¡El mundo nos está mirando! Y también Dios nos observa".
Obispos: el gobierno debe actuar con decisión
Los ataques a lugares religiosos son especialmente delicados en Nigeria, donde a veces estallan las tensiones entre comunidades en un país con un sureste predominantemente cristiano y un norte predominantemente musulmán. Sin embargo, este tipo de ataques son poco frecuentes en el relativamente pacífico suroeste del país. El padre misionero Giulio Albanese descarta que se trate de una guerra religiosa e identifica a los fulanis como autores: son "pastores nómadas que siempre han estado en conflicto por la tierra con la población asentada, buscando constantemente en todo el país un territorio que ocupar". Atacar una iglesia, refiere el sacerdote, es "quizás un mensaje político". Una venganza por las medidas del gobernador que ha emitido varias "restricciones" contra ellos. "Dicen que el presidente es del mismo grupo étnico, pero eso no es lo importante. La cuestión es que la policía, el ejército y las fuerzas del orden son incapaces de detenerlos", dice el cardenal John Olorunfemi Onaiyekan, que también señala: el Islam no está en guerra con nosotros. En la actualidad, "prevalece una sensación de inseguridad entre la población. Dolor y rabia. La gente se siente impotente frente a estos criminales, subraya el cardenal, sin ninguna forma ni nadie que nos defienda".
Sor Agnes: estamos aterrorizados, pero debemos permanecer junto a la
gente
¿Cómo se puede seguir viviendo con el riesgo de morir bajo este tipo de ataques? Es un reto continuo. Debemos seguir trabajando y ayudando a la gente. Debemos ser siempre conscientes de que los fulanis nos rodean en el bosque y pueden atacarnos en cualquier momento. Estamos aterrorizados, pero debemos perseverar. Todos tenemos miedo porque en realidad no hay apoyo de protección por parte del gobierno. La gente tiene miedo ahora incluso de ir a la iglesia. Esta mañana sólo estaban las monjas en la misa, todo el mundo tiene miedo ahora. Pero no podemos quejarnos de esta ausencia, no hay seguridad.
¿Cuál es el objetivo de estos ataques? Lo que hemos entendido es que estos pastores quieren tomar bajo su control el territorio de Nigeria, especialmente en el sur. Vienen del norte para golpear las zonas del sur y apoderarse de los recursos de estas tierras. Nuestros obispos no callan y condenan esta situación que se repite cíclicamente.